
¿Alguna vez has paseado por las cercanías de una destilería y te has dado cuenta de que los árboles, edificios y señales tienen una capa de hollín negro y misterioso? Si tu respuesta es sí, ¡felicidades, has tenido un encuentro con la Baudoinia compniacensis! Este fascinante hongo, a menudo llamado el «hongo del whisky» o «hongo de la destilería», es mucho más que una simple mancha. Es un indicador natural de la presencia de alcohol en el aire y cuenta una historia silenciosa sobre el proceso de envejecimiento de nuestras bebidas favoritas.
¿Qué es la Baudoinia Compniacensis?
La Baudoinia compniacensis es un hongo negro, fuliginoso y de crecimiento lento que prospera en ambientes con vapores de alcohol. Su nombre rinde homenaje a Antonin Baudoin, un farmacéutico francés que lo describió por primera vez en la región de Cognac (de ahí «compniacensis») a finales del siglo XIX, observando su peculiar afinidad por las áreas cercanas a las bodegas de brandy.
Lo más interesante de este hongo es su dieta. A diferencia de la mayoría de los hongos que se alimentan de materia orgánica en descomposición, la Baudoinia tiene una habilidad única para metabolizar el etanol (alcohol) que se evapora de las barricas de madera durante el proceso de maduración. Esta evaporación es lo que conocemos como la «porción de los ángeles», esa pequeña cantidad de alcohol que se pierde en el aire cada año, y de la que el hongo se alimenta gustosamente.
¿Por qué lo vemos cerca de las destilerías?
Cuando el whisky, el coñac, el ron o cualquier otra bebida espirituosa envejece en barricas de roble, una parte del alcohol se filtra a través de los poros de la madera y se libera al ambiente. Este vapor alcohólico crea un microclima perfecto para la Baudoinia compniacensis. El hongo se adhiere a las superficies circundantes —árboles, muros, ventanas, señales de tráfico— y forma una densa capa negra y aterciopelada.
Es tan distintivo que, en algunas regiones, la presencia de este hongo ha sido utilizada en litigios legales como evidencia de contaminación ambiental por parte de las destilerías. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se le ve como un signo casi pintoresco de la actividad destilera.
¿Es perjudicial?
Afortunadamente, la Baudoinia compniacensis no es conocida por ser dañina para la salud humana o para las plantas. Si bien su apariencia puede ser un poco sombría, no es tóxica ni causa enfermedades. Para los árboles, simplemente cubre la corteza sin afectar su vitalidad. Su mayor «daño» es estético, ya que puede oscurecer las superficies de forma persistente.
Un Testigo Silencioso del Tiempo
La próxima vez que visites un pueblo con destilerías, como los que se encuentran en Escocia, Kentucky o incluso en algunas zonas con bodegas de brandy aquí en España, fíjate en los detalles. Los árboles y edificios te estarán contando una historia. Esa capa negra no es solo suciedad, es un ecosistema vivo, un testigo silencioso del proceso de maduración de bebidas que han viajado a través del tiempo.
La Baudoinia compniacensis es un pequeño recordatorio de cómo la naturaleza y la industria se entrelazan de formas inesperadas y maravillosas. Es un fenómeno peculiar que añade un toque de misterio y encanto al ya de por sí fascinante mundo de los licores añejos.